Visita Proyecto Patrimonio

Visita Proyecto Patrimonio
Letras.s5 cambió de dominio

jueves, 17 de agosto de 2017

Dos poemas de José María Arguedas


A NUESTRO PADRE CREADOR TÚPAC AMARU (HIMNO-CANCIÓN)

A Doña Cayetana, mi madre india, que me protegió con sus lágrimas y su ternura, cuando yo era un niño huérfano alojado en una casa hostil y ajena. A los comuneros de los cuatro ayllus de Puquio en quienes sentí por vez primera, la fuerza y la esperanza.

Túpac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve del Salqantay; tu sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin cesar y sin límites.

Tus ojos de serpiente dios que brillaban como el cristalino de todas las águilas, pudieron ver el porvenir, pudieron ver lejos. Aquí estoy, fortalecido por tu sangre, no muerto, gritando todavía.

Estoy gritando, soy tu pueblo; tú hiciste de nuevo mi alma; mis lágrimas las hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez más. Desde el día en que tú hablaste, desde el tiempo en que luchaste con el acerado y sanguinario español, desde el instante en que le escupiste a la cara; desde cuando tu hirviente sangre se derramó sobre la hirviente tierra, en mi corazón se apagó la paz y la resignación. No hay sino fuego, no hay sino odio de serpiente contra los demonios, nuestros amos.

Está cantando el río,
está llorando la calandria,
está dando vueltas el viento;
día y noche la paja de la estepa vibra;
nuestro río sagrado está bramando;
en las crestas de nuestros Wamanis montañas, en su dientes, la nieve gotea y brilla.
¿En dónde estás desde que te mataron por nosotros?

Padre nuestro, escucha atentamente la voz de nuestros ríos; escucha a los temibles árboles de la gran selva; el canto endemoniado, blanquísimo del mar; escúchalos, padre mío, Serpiente Dios. ¡Estamos vivos; todavía somos! Del movimiento de los ríos y las piedras, de la danza de árboles y montañas, de su movimiento, bebemos sangre poderosa, cada vez más fuerte. ¡Nos estamos levantando, por tu causa, recordando tu nombre y tu muerte!

En los pueblos, con su corazón pequeñito, están llorando los niños.
En las punas, sin ropa, sin sombrero, sin abrigo, casi ciegos,
los hombres están llorando, más triste, más tristemente que los niños.
Bajo la sombra de algún árbol, todavía llora el hombre, Serpiente Dios,
perseguido, como filas de piojos.
más herido que en tu tiempo.
¡Escucha la vibración de mi cuerpo!
Escucha el frío de mi sangre, su temblor helado.
Escucha sobre el árbol de lambras el canto de la paloma abandonada, nunca amada;
el llanto dulce de los no caudalosos ríos, de los manantiales que suavemente brotan al mundo.
¡Somos aún, vivimos!

De tu inmensa herida, de tu dolor que nadie habría podido cerrar, se levanta para nosotros la rabia que hervía en tus venas. Hemos de alzarnos ya, padre, hermano nuestro, mi Dios Serpiente. Ya no le tenemos miedo al rayo de pólvora de los señores, a las balas y la metralla, ya no le tememos tanto. ¡Somos todavía! Voceando tu nombre, como los ríos crecientes y el fuego que devora la paja madura, como las multitudes infinitas de las hormigas selváticas, hemos de lanzarnos, hasta que nuestra tierra sea de veras nuestra tierra y nuestros pueblos nuestros pueblos.

Escucha, padre mío, mi Dios Serpiente, escucha:
las balas están matando,
las ametralladoras están reventando las venas,
los sables de hierro están cortando carne humana;
los caballos, con sus herrajes, con sus locos y pesados cascos, mi cabeza, mi estómago están reventando,
aquí y en todas parte;
sobre el lomo helado de las colinas de Cerro de Pasco,
en las llanuras frías, en los caldeados valles de la costa,
sobre la gran yerba viva, entre los desiertos.

Padrecito mío, Dios Serpiente, tu rostro era como el gran cielo, óyeme: ahora el corazón de los señores es más espantoso, más sucio, inspira más odio. Han corrompido a nuestros propios hermanos, les han volteado el corazón y, con ellos, armados de armas que el propio demonio de los demonios no podría inventar y fabricar, nos matan. ¡Y sin embargo, hay una gran luz en nuestras vidas! ¡Estamos brillando! Hemos bajado a las ciudades de los señores. Desde allí te hablo. Hemos bajado como las interminables filas de hormigas de la gran selva. Aquí estamos, contigo, jefe amado, inolvidable, eterno Amaru.

Nos arrebataron nuestras tierras. Nuestras ovejitas se alimentan con las hojas secas que el viento arrastra, que ni el viento quiere; nuestra única vaca lame agonizando la poca sal de la tierra. Serpiente Dios, padre nuestro: en tu tiempo éramos aún dueños, comuneros. Ahora, como perro que huye de la muerte, corremos hacia los valles calientes. Nos hemos extendido en miles de pueblos ajenos, aves despavoridas.

Escucha, padre mío: desde las quebradas lejanas, desde las pampas frías o quemantes que los falsos wiraqochas nos quitaron, hemos huido y nos hemos extendido por las cuatro regiones del mundo. Hay quienes se aferran a sus tierras amenazadas y pequeñas. Ellos se han quedado arriba, en sus querencias y, como nosotros, tiemblan de ira, piensan, contemplan. Ya no tememos a la muerte. Nuestras vidas son más frías, duelen más que la muerte. Escucha, Serpiente Dios: el azote, la cárcel, el sufrimiento inacabable, la muerte, nos han fortalecido, como a ti, hermano mayor, como a tu cuerpo y tu espíritu. ¿Hasta dónde nos ha de empujar esta nueva vida? La fuerza que la muerte fermenta y cría en el hombre ¿no puede hacer que el hombre revuelva el mundo, que lo sacuda?

Estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la Pampa de Comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi sangre, cantando, edifiqué una casa. El río de mi pueblo, su sombra, su gran cruz de madera, las yerbas y arbustos que florecen, rodeándolo, están, están palpitando dentro de esa casa; un picaflor dorado juega en el aire, sobre el techo.

Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos; nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montañas donde la pestilencia del mal no llega jamás. Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino.

Tranquilo espera,
tranquilo oye,
tranquilo contempla este mundo.
Estoy bien ¡alzándome!
Canto;
bailo la misma danza que danzabas
el mismo canto entono.
Aprendo ya la lengua de Castilla,
entiendo la rueda y la máquina;
con nosotros crece tu nombre;
hijos de wiraqochas te hablan y te escuchan
como al guerrero maestro, fuego puro que enardece, iluminando.
Viene la aurora.
Me cuentan que en otros pueblos
los hombre azotados, los que sufrían, son ahora águilas, cóndores de inmenso y libre vuelo.
Tranquilo espera.
Llegaremos más lejos que cuanto tú quisiste y soñaste.
Odiaremos más que cuanto tú odiaste;
amaremos más de lo que tú amaste, con amor de paloma encantada, de calandria.
Tranquilo espera, con ese odio y con ese amor sin sosiego y sin límites, lo que tú no pudiste lo haremos nosotros.
Al helado lago que duerme, al negro precipicio,
a la mosca azul que ve y anuncia la muerte
a la luna, las estrellas y la tierra,
el suave y poderoso corazón del hombre;
a todo ser viviente y no viviente,
que está en el mundo,
en el que alienta o no alienta la sangre, hombre o paloma, piedra o arena,
haremos que se regocijen, que tengan luz infinita, Amaru, padre mío.
La santa muerte vendrá sola, ya no lanzada con hondas trenzadas ni estallada por el rayo de pólvora.
El mundo será el hombre, el hombre el mundo,
todo a tu medida.

Baja a la tierra, Serpiente Dios, infúndeme tu aliento; pon tus manos sobre la tela imperceptible que cubre el corazón. Dame tu fuerza, padre amado.




LLAMADO A ALGUNOS DOCTORES

A Carlos Cueto Fernandini y Jhon V. Murra

Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.
Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas, como el de la calandria, como el de un toro grande al que se degüella, que por eso es impertinente.
Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros; doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos.
Que estén hablando, pues: que estén cotorreando si eso les gusta.
¿De qué están hechos los sesos? ¿De qué está hecha la carne de mi corazón?
Los ríos corren bramando en la profundidad. El oro y la noche, la pata y la noche temible forman las rocas, las paredes de los abismos en que el río suena; de esa roca están hechos mi mente, mi corazón, mis dedos.
¿Qué hay a la orilla de esos ríos que tú no conoces, doctor?
Saca tu larga vista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes.
Quinientos flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan. Esas quinientas flores, son mis sesos, mi carne.
¿Por qué se ha detenido un instante el sol, por qué ha desaparecido la sombra en todas partes, doctor?
Pon en marcha tu helicóptero y sube aquí, si puedes. Las plumas de los cóndores, de los pequeños pájaros se han convertido en arco iris y alumbran.
Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores, en flores se han convertido la negra ala del cóndor y de las aves pequeñas.
Es el mediodía; estoy junto a las montañas sagradas; la gran nieve con lampos amarillos, con manchas rojizas, lanzan su luz a los cielos.

En esta fría tierra siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semillas poderosas. Los cien colores son también mi alma, mis infatigables ojos.
Yo, aleteando amor, sacaré de tus sesos las piedras idiotas que te han hundido.
El sonido de los precipicios que nadie alcanza, la luz de la nieve rojiza que, espantando, brilla en las cumbres; el jugo feliz de millares de yerbas, de millares de raíces que piensan y saben, derramaré en tu sangre, en la niña de tus ojos.
El latido de miradas de gusanos que guardan tierra y luz; el vocerío de los insectos voladores, te los enseñaré hermano, haré que los entiendas.
Las lágrimas de las aves que cantan, su pecho que acaricia igual que la aurora, haré que las sientas y oigas.
Ninguna máquina difícil hizo lo que sé, lo que del gozar del mundo gozo.
Sobre la tierra, desde la nieve que rompe los huesos hasta el fuego de las quebradas, delante del cielo, con su voluntad y con mis fuerzas hicimos todo eso.
¡No huyas de mi doctor, acércate! Mírame bien, reconóceme. ¿Hasta cuándo he de esperarte?

Acércate a mí; levántame hasta la cabina de tu helicóptero. Yo te invitaré el licor de mil savias diferentes; la vida de mil plantas que cultivé en siglos, desde el pie de las nieves hasta los bosques donde tienen sus guaridas  los osos salvajes.
Curaré tu fatiga que a veces te nubla como bala de plomo, te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los vientos; con el pequeño corazón de la calandria en que se trata el mundo, te refrescaré con el agua limpia que canta y que yo arranco de la pared de los abismos que tiemplan con su sombra a nuestras criaturas.
¿Trabajaré siglos de años y meses para que alguien que no me conoce y a quien no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?

No, hermanito mío. No ayudes a afilar esa máquina contra mí, acércate, deja que te conozca; mira detenidamente mi rostro, mis venas, el viento que va de mi tierra a la tuya es el mismo; el mismo viento que respiramos; la tierra en que tus máquinas, tus libros y tus flores cuentas, baja de la mía, mejorada, amansada.
Que afilen cuchillos, que hagan tronar zurriagos; que amasen barro para desfigurar nuestros rostros; que todo eso hagan.
No tememos a la muerte, durante siglos hemos ahogado a la muerte con nuestra sangre, la hemos hecho danzar en caminos conocidos y no conocidos.
Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro; mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten.
No sabemos bien qué ha de suceder. Que camine la muerte hacia nosotros; que vengan esos hombres a quienes no conocemos. Los esperaremos en guardia, somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas ¿es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?
No contestes que no vale. Más grande que mi fuerza en miles de años aprendida; que los músculos de mi cuello en miles de meses, en miles de años fortalecidos, es la vida, la eterna vida, el mundo que no descansa, que crea sin fatiga; que pare y forma como el tiempo, sin fin y sin principio.




José María Arguedas (Andahuaylas, 1911-Lima, 1969). Poemarios: Tupac Amaru Kamaq taytanchisman. Haylli-taki / A nuestro padre creador Túpac Amaru. Himno-canción (Lima: Ediciones Salqantay, 1962); Oda al jet (Lima: Ediciones de La Rama Florida, 1966); Qollana Vietnam Llaqtaman / Al pueblo excelso de Vietnam (Lima: Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional Agraria, 1969); Katatay y otros poemas (Temblar). Huc jayllicunapas (Compilación y notas de Sybila Arredondo; presentación de Alberto Escobar. Lima: INC, 1972); Obras completas. Tomo V (Edición de Sybila Arredondo. Lima: Editorial Horizonte, 1983). 

miércoles, 16 de agosto de 2017

CINCO POEMAS DE EFRAIN MIRANDA


EFRAÍN MIRANDA (PUNO)  FOTOGRAFÍA: CORTESÍA DE CAMILO SANCHEZ SERRUTO, PUBLICADA EN EL SUPLEMENTO CULTURAL TOTORIA DEL DIARIO LOS ANDES. (Fuente: https://lamula.pe/2015/04/11/poemas-de-efrain-miranda-puno-y-unas-palabritas/rosvalcarcel/)


EQ

Soi una indiecita escolar. Me reconoces;
mi retrato está en folios de grandes libros;
retratada con polleras o con “uniforme”.

Me pongo de cabeza  y el cielo está abajo
y la tierra queda arriba; así no es mi mundo;
me pongo de pies:
el cielo regresa arriba
y la tierra para abajo; el mundo comienza en mis pies,
este es mi mundo.
El mundo comienza en mis huesos,
en los truenos que respiro, en las cordilleras que empuño
y hago una madeja para tener mi imago mundi.

Mis trenzas hacen camino a la casa—, en los folios
te informaste que se destechan sacándole un palo;—
mi abuelito me dice pariguana
porque aprendo a dormir sin cerrar los ojos;
mi tío no sabe ni firmar
y mi tío materno tiene primaria
me riñe que acaso por eso come más.

Los vidrios de la Escuela
desvían el Sol hasta mi patio distante;
la Escuela es la casa más grande de todo;
le he dicho a mi padre que compre una carpeta para nosotros.

Frente a la pizarra se me adelanta una niña blanca,
a ella es a quien educa el Maestro.
Lloro porque soi india y tengo una niña blanca
que el Maestro ha creado dentro de mí;
esta niña no me puede;
el Maestro le da fuerzas y sustento
el Maestro tiene grandes métodos para esa niña.
El Maestro se olvida de mí, de todos los alumnos
y dice que para los indios no se ha inventado nada.

A ratos me confunde: me convierte en ella
o ella en mí;
cuando no me habla el profesor, desaparece;
en cada diciembre muere y cada abril resucita.
Al concluir mis estudios se extinguirá
en la parcialidad.



MY

La capital del Tiahuanaco fue Tiahuanaco,
la capital del Tahuantinsuyo fue el Cusco
la capital del coloniaje fue Lima.
la capital de la república es Lima.
Ni los virreyes ni los presidentes
hicieron mudanza descentralista.

Quien domina el Perú, ¿domina Lima?
quien domina a Lima, ¿domina al Perú?
¿Es Lima el estómago del país?
¿Es Lima la sangre de la república?
El cerebro del Estado, ¿es Lima?
El cuerpo del territorio, ¿es Lima?
¿Es Lima el mundo sensible de la nación?
¿Es Lima la riqueza subjetiva de la patria?
¿Es Lima la entrada a lo racional
o la salida de lo irracional?
¿Es Lima el conflicto de las complicaciones individuales
o es la confusión de los enredos sociales?

Lima, los basamentos de la movilidad social;
Lima, la cúspide de los contactos simbólicos;
Lima, la descontrolada, la cosmopolita,
la del neutralismo, la ambigüedad…



6

            Las niñas con voz de abuelas hipertensas,
las futuras madres con proceso de criaturas nonatas,
las célibes con lamento de madres solteras,
los ancianos con ronquidos de niños desvalidos
sobre la planicie del cerro, demandan:
¡Compasión; Señor!
¡Piedad; Señor!
¡Misericordia; Señor!
¡Lluvia, lluvia, Señor!

            La protección —nosotros— de los dioses semiasfixiados
llega a su término.
El alegre y diáfano columpiar que fue de la Tierra
es ahora dentro de una bolsa fétida de hollines

La legalidad y legitimidad de las lluvias
han sido vulnerables por la locura,
vanidosa e imprudente de esta civilización.

Se han derogado los derechos de la nube y del viento;
se ha descodificado la justicia del clima;
se ha bombardeado la organización del espacio.
Los alboreos y ocasos creaban estados sublimes;
los de ahora provocan ánimo malsano e impulsos agresivos.
La atmósfera fue autosuficiente de recursos propios,
reprendía al calor y castigaba al frío.
Las lluvias pasadas eran inodoras y traslúcidas,
las de ahora son mefíticas, manchadas.



34

            Nuestras capturadas almas
flamean mártires en la punta de encendidas espadas,
esgrimidas por arcángeles y santos.
           
Son modelos de armas antiquísimas, antes de la humanidad;
y, en nuestro caso, antes del fuego del infierno;
hechas a golpe en las factorías de Luzbel, en épocas
de mutua amistad y confianza con Jehová.
           
San Gabriel, San Miguel, San Santiago, San Jorge…
espadachines diestros e invencibles
con San Bartolomé y su cuchillo,
presentes a la vanguardia de los combates contra nosotros
indios con flechas, maqanas, hondas.
           
Los reconocemos en los altares,
en las festividades patronales calendarizadas.
Y, a pesar de ser enemigos divinos nuestros, ¿cómo es
que nos han obligado a venerarlos
si participaron directamente en el despojo sangriento
de nuestro Tawantinsuyo?
           
Todo comenzó con el tráfico de alcohol desde la península;
induciéndonos a la violencia, al sexo, la gresca, el crimen.
La clase virreinal y la comunidad católica aplaudieron, (todavía, lo
hacen); y califican de Buen Año a más de dos
muertos. Y argumentan la creencia de Mal Año,
en caso de no producirse crímenes.

            Y, en los costumbrismos orgiásticos,
han aparecido santos y santas insinuadoras del folclore,
la dipsomanía, las crisis hogareñas, los pleitos, etc.



90

            En era de los dioses descansando,
aprovechan las naciones para salir de fronteras
y sangrar a la siguiente, en carnicería de guerra,
cada vez más interesantes, por estrenar novísimas armas.
           
Los medios violentos seleccionados valen por sí mismos.
Para los dioses, ello es recurrencia prearcaica.
En tales épocas los hacían intervenir a la fuerza. Hoy,
las doctrinas de belicosidad han cambiado. Los dioses,
se mantienen al margen distrayéndose con sacudidas
a mantos tectónicos, propagando epidemias, repartiendo calamidades.

            Los pueblos, despavoridos, se apretujan ante los altares:
—«Buda; conmiseración».
—«Krishna; piedad».
—«Dios; ampáranos».
—«Aláh; perdón».

—«¿Ven? Nada mejor para los tontos que las guerras y los desastres»
—«¡Que se frieguen. Harto les costará el haberse olvidado de nosotros!»
—«Mírenlos. Cómo se estrujan, ahora, ante los altares nuestros».
—«Plagas, hambrunas, miserias. Vale la pena prolongarlas… ¿No?».
           
Birakocha, irá a las culturas; siempre y cuando
e inicialmente, sus dioses inicien un período de purificación.
           
Birakocha no es ególatra.
¿Para qué naciones que lo adoren, vanamente?
Birakocha es un creyente.
Cree en la relación, fidelidad-confianza
que enlaza una persona a otra,
individuos a otros,
entre semejantes. Birakocha, nunca fue límite.
Birakocha, fundó el parentesco supremo no sanguíneo: fraternidad.
Propició y reconoció el nexo supremo: mancomunidad.
Birakocha, es el inmediato vínculo: sociedad-naciones;
Birakocha, es el Cosmos, el aguacero y el fructiferar
de analogías indestructibles:
Humanidad –Tierra–Cosmos.





Efraín Miranda (Puno, 1925 - Arequipa, 2015). Libros: Muerte cercana (Lima: Talleres Gráficos Mecanógrafo, 1954); Choza (Lima: Empresa Editora Humboldt, 1978); Vida (Lima: s.n., 1980); Padre sol (Puno: LACG editor, 1998), Indios dios runa: antología poética del profeta del fuego (Lima: Andesbooks, 2008).

lunes, 14 de agosto de 2017

CINCO POEMAS DE LEONCIO BUENO


Leoncio Bueno en el taller Túngar, década del 70. (Archivo personal del autor. Foto tomada de http://www.casadelaliteratura.gob.pe/?p=18959)

LÁZARO

A VÍCTOR MAZZI
poeta y obrero de andamio

Pienso entre mi fondo,
aquí donde el viento está bobo
y no llega el murmullo de las cosas,
¡pienso todavía!

Antes, que había sido de mí?
Donde están las voces fraternas?
Habrán niños durmiendo bajo los puentes?
Seguirán adelante la lucha los obreros?
Esta temporánea muerte
debe abonar un germen de futuras rebeldías.
Así será. No importa pudrirme en la mazmorra
Es dichoso estar muerto a medias,
en trance de un mañana decisivo, comprobando
que se proyecta vida a otros más muertos.

La carne me abandona,
pero quédanme fieles las uñas, el coraje
y las ganas crujientes de nuevos alaridos.

En torno de mis huesos
mis ánimos erizan sus fogatas.
No moriré, quiero pegar el último aletazo.
Fuera de mi morada gallinazos estólidos.
Lázaro saldrá. Lázaro vive…. ¡Lázaro!... ¡Lázaro!.....



CARTA A MI MADRE EN EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS      

Colonia Penal El Frontón, 17 de mayo de 1954.

Mamá Sara:

Estás leve y anciana,
tus pulmones se encorvan
cual dos águilas ciegas.

¿Hasta cuándo se extiende tu condena?
Desde niña, bajo el mando
de la rígida patrona.
¡Cuántas veces he escuchado
tu sollozo en las penumbras
de las lúgubres cocinas!
¡Que duro nos costó medio vivir!

Pero entonces, eras fuerte campeona,
te incitaban la esperanza
y los destellos de mis ojos cuando niño.

Han pasado muchos años,
años de soledad, de golpes y batallas.
Ahora, soy un hombre,
y por serlo de veras
me han clavado en las rocas.

Y tú madre, prendida a la batea,
hoy te duermes de vejez, de cansancio
en lo mejor de la tarea,
con tu dulce cabeza medio hundida en el agua
como nube de blanco amanecer.

Y pensar que la vida no mejora,
que seguimos crispando los puños por el grano,
que nos tapan la boca con máuseres y plomo,
que lustramos con sangre la faz de los metales.

¡Los patrones siempre quieren ser más ricos!
Por eso estoy fiero,
mi voz, un estallido que se agranda.
Y quisiera hacer algo, ¡arrancar muchas cabezas!
Pero hoy, sólo me salen estos versos,
esta espiga de amor que quiere hacerte joven.



EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Un día arrojé a los vientos todas mis vestiduras
mi persona postiza
mi dentadura postiza
me quedé igual que cuando vine al mundo
bailando al son de la zampoña tocada al pie del lago
por un colla
y vinieron a mí los peces y las aguas y las
golondrinas arrechas de la comarca
juntos realizamos las más increíbles orgías
fui tomando mi auténtica figura
mi inconfundible olor
comprendí que la felicidad
consiste en andar completamente desnudo
invadiendo la tierra.



WAYNO DE COMAS

Hablo aquí, en este lugar, atrapado
al alambre de púas del combate social.
Hablo aquí, donde antes no había nada,
siento cada día aumentar mi jaleo.
mi voz, bien subversiva en esta tierra tomada
al impulso de tantos.
Somos 700,000 mil artistas preñados de violencia moderna,
entre ellos, muchos mejores que yo
hablan y escriben vaticinios.
Soy uno de tantos arrimados parábolas en un papel rayado.
Confieso: estoy experto en tomarles la palabra a quienes me rodean,
las tomo, les doy vueltas las meneo,
devuelvo de tal forma que ni los mismos padres reconocen a sus hijas.
Un día la masa dijo ¿somos o no somos?
Tomamos estos cerros, he aquí, se alza una obra grande
enganchada al remolino de la era espacial.
Mañana vendrán historiadores gringos: sociólogos,
                                       psicólogos, antropólogos.
Dirán: “Qué interesante… ¿Koumas ega un paisaje lunag?”
Exacto. Vinieron los hombres de la masa,
no tenían agua para beber
pero sembraron árboles.



ASNOGRAFÍA

Cojo la pluma y nada
cada vez soy más zopenco
Quevedo

Tumbo y retumba pero aun no suena,
ni truena
mi escuálido quirquincho.
Siembro, podo, barbecho. Siembro,
vuelvo a podar, aparejo
sin descanso, mas no veo
crecer mi verdolaga.
Ando, trajino, sudo
la gota gorda hollando
estrambóticos senderos,
y siempre estoy reptando a tientas
lejos de mi propio recoveco.
¿Hasta cuándo no voy a articular mi rebuzno propio?
Hiervo, cocino, aderezo, sirvo
y a la postre cuaja, pero no cuaja
mi propia salsa.
Tiempo ha que machaco y le doy de alma
a esta mollera chúcara
por saborear deveras mi sandía.



Leoncio Bueno (Hacienda La Constancia, La Libertad, 1921). Libros: Nacimiento del canto (Lima : Ed. Primero de Mayo, 1957); Perú, esta es tu hora (Lima: Editorial Chaupimayo, 1963); Uvas de pial (Lima: Chaupimayo, 1963); Al pie del yunque (Lima: Grupo Intelectual Primero de Mayo, 1966); Este Gran Capitán (Lima: Editorial Tungar, 1968); Pastor de truenos (Lima: Ediciones Túngar, 1968); Invasión poderosa (Lima: Ediciones Túngar, 1970); Rebuzno propio o la dicha de los dinamiteros (Lima: Arte/Reda, 1976); La guerra de los runas (Lima: Ediciones Túngar, 1980); Los últimos días de la ira (Lima: Edición del autor, 1990); Hibrys: poesia erótica reunida: cancionero informal (Lima, 1995); Memorias de mi desnudez (Lima : Nido de cuervos, 2014). 

lunes, 7 de agosto de 2017

YA SALIO POETIKA1 NUMERO 2



POETIKA1
número 2 - agosto 2017



sumario



EL SIMBOLISMO MÁGICO EN LA OBRA DE
Fernando Diez de Medina, por Gamaliel Churata
Wilmer Skepsis

César Moro, un poema que vuelve a vivir
John Martínez Gonzales

La sustancialidad del lenguaje amazónico:
Heterogeneidad literaria y animismo en Las tres mitades de Ino 
Moxo y otros brujos de la Amazonía de César Calvo
Robert Baca

JUAN LUIS MARTÍNEZ Y LA NUEVA NOVELA:
Poética del misterio
Carmen Luz Gorriti

PURGATORIO: Una lectura loca
Comentarios a Purgatorio de Raúl Zurita
Carmen Luz Gorriti

La poética de INRI: Solo el mar cubre 
el poema Solo el poema es el mar
Florentino Díaz

La libertad de escribir durante el terror: 
 El Shock de los Lenders y otros poemas de Jorge Santiago Perednik
Claudia Delgado Garaycochea 

OMAR CASTILLO: Cantata en los filos de la ciudad…
Conversa entre Alfonso Peña y Omar Castillo 

EL ARQUETIPO COMO DISEÑO SIMBÓLICO 
EN ÉXODO A LAS SIETE ESTACIONES
Paul Mendoza Malaver 

Manipulación OBSTINADA de una lengua apócrifa: 
Experimentalismos, parodias y pastiches en Luis Felipe Fabre y Alejandro Tarrab
 Paul Guillén

Anti-Humbolt o el desplazamiento del sentido
 Florentino Díaz

IUSPOÉTICA: La poesía como defensa 
Claudia Delgado Garaycochea

Sobre Insomnio vocal de Ethel Barja
Santiago Vera


jueves, 13 de julio de 2017

MORADA DE AIRE. SOBRE VIDE COR TUUM DE JUAN DE LA FUENTE UMETSU (PERRO DE AMBIENTE, EDITOR, 2017), POR ROGER SANTIVAÑEZ

La Flor —eterno y exquisito símbolo de la poesía— es el leitmotiv con que arranca la inspiración de Juan de la Fuente en Vide cor tuum para llevarnos —a través de 628 versos compactos— por los caminos de un viaje poético y metafísico que nos recuerda —en su actitud extensa— creaciones como Piedra de sol de Octavio Paz en el ámbito latinoamericano y —entre nosotros— Nudo Borromeo de Rodolfo Hinostroza.

En efecto, desde los orígenes de todo lo que existe, el poeta transita por diversos estadios Donde dos seres completamente sucios / Ofrecen un sueño al viento. Entendemos que es la suciedad figurada de la existencia, es decir el resultado de la experiencia humana e histórica que a todos nos contamina; pero pese a ello, dichos seres presentan su sueño: la esperanza, la utopía que —de todos modos— alberga nuestro corazón. Como no podía dejar de ser, los hechos ocurren en la ciudad —ese estado mental del que habla Simmel— y he aquí el amor. Nos enteramos que La flor que nació contigo está en ti en tu casa. Hay un tú entonces a quien está dirigido el poema.

Descubrimos que se trata de una intensa declaración de amor. Y así como el amor la poesía es eterna, y quedará escrita en el firmamento; pero no es fácil porque el poeta en su búsqueda y lucha por el amor habitará un reino que no le pertenece y la flor escapará para volver a aparecer como una provocación que nos desafía a poseerla. Porque amar —el amor erótico— es también una forma de retornar al origen: Entro como una herida dulce / A través de nuestros cuerpos / Para atravesar el instante / De regreso a todo.

La realidad nos ataca inmisericorde. Y carece de sentido ganar o perder en este absurdo tránsito. Porque aún la belleza implica dolor, caos, y es tan extraño que ni las lágrimas pueden ser o expresar tristeza; y así nos preguntamos angustiados: En qué palabra / Habita nuestra sangre / Nuestro primer latido. Obviamente jamás obtendremos una respuesta cabal que pueda satisfacernos. Sin embargo, seguimos escribiendo, insistiendo en esa palabra que se pierde, se niega, o se reniega pero que vuelve otra vez a las paredes o a nuestros cuadernos deshojados.

Verdad y locura nos obseden. Persiguen el desvelo en el que una noche podemos encontrar Sobre la cama una estrella encerrada en un cuerpo lascivo. Y en el coloquio amoroso la relación adquiere matices destructivos: Devuélveme mis ojos para no poder mirarte. Ceguera de una pasión maldita que se raya en su extremismo infinito: La flor que te di aún sigue ardiendo. Y lo más loco es que —al final— no tenemos ni idea de nuestra propia existencia: Sigo tratando de recordar por qué vine qué hago aquí. Este el meollo central del poema: el hondón ontológico del estupor de vivir.

Y entonces el deseo de recomenzar todo de nuevo Y tal vez una piedra que me devuelva a la semilla, a pesar de la permanente negación nihilista que campea a lo largo de todo el poema, pero no es muerte ni quietud sino La flor entra en la flor y se despierta, vale decir, poesía en estado puro o consistencia de explosión atómica: El fuego ya no es fuego es agua que se transforma en el sorprendente oxímoron conceptual: En la violencia hay música mucha música. Canción y danza que nos deja lelos. En la línea de Westphalen y Eielson cuya impronta —asimilada con sapiencia— percibimos aquí, este solitario y revelador texto coloca a su autor en un lugar de preeminencia en el paisaje de la poesía actual en el Perú.


Roger Santiváñez

[orillas del río Cooper, New Jersey South, before summer 2017]

Imagen de portada: Ale Wendorff



Dos poemas de José María Arguedas